08 enero, 2011

Error Critico (parte V)

Nadie viene preparado a esta vida para que le digan, con un mazo de palabras, que se prepare para lo peor. Malditos eufemismos, la muerte, per se, no es mala sino natural, no la vistan de seda. Cuando digo nadie quiero decir unos pocos, pero esto mas que un eufemismo es una generalización perdonable. La mayoría buscan una excusa, una explicación a la falta de esperanza de vida. Morir con cincuenta es, en definitiva, una patada a la estadística, y no la promesa que te hacen de los ochenta, en la cama y viejo. Por lógica tendría que sentirme frustrado, pero no, no me sale. Todas las etapas de duelo son fácilmente atravesables si tu vida ya iba cuesta abajo, sin frenos. La depresión no solo ayuda a la muerte, es un síntoma. Cuando tu vida es un agujero en el estomago constante, algo anda mal, y si necesitas tres pastillas diferentes para contener las bestias que has desatado por tus adicciones, es una molestia constante si se produce, sobre todo, antes de la hora de la comida.
Aun peor si no hay otra forma de vivir que morir por tu obra, estos vicios eran necesarios a nivel psicológico para destrabar mis manos y que la pluma siguiese escribiendo, necesitaba la cafeína para despertarme, el alcohol para perder la vergüenza y la nicotina para controlarlo todo. En definitiva la obra que me ocupaba, aunque no requiriese ningún tipo de investigación, se estaba llevando lo poco de cordura que me quedaba, me estaba matando por dar una explicación. Dijeron seis meses, normalmente tardo algo mas en cubrir el trazo de mentiras y verdades a medias para que no puedan enjuiciarme, creo que podre acabar a tiempo y dejarle a Horacio un libro mas que digno del autor de mis otros libros.
Empece el suicidio no se exactamente en que momento, los inicios y causas fueron claros e indelebles, tenia que darle a mi hijo una manera de vivir tranquilo y la única forma que se me ocurría, era escribir una especie de autobiografía, que a consciencia y conocimiento, me mataría. La empece en algún momento de invierno, entre esas comidas pesadas que hacia la señora que venia a limpiar a casa, si, lo mas probable es que fuese rozando la Navidad o saliendo de ella, ahora confundo fechas, poco importa. Dora me decía que lo dejase, que no tenia sentido alguno matarme por darle tranquilidad al señorito – así llamaba a Horacio, a pesar de sus incipientes treinta -, en algún momento se me cruzo despedirla, pero necesitaba algo de orden en mi caos cotidiano y compañía. Supongo que la comida, las fechas, la soledad y otras cosas, fueron motivantes directos o pasivos de mi generosidad y temeridad, mi falta de autoestima era patente y necesitaba escribir algo por lo que ser recordado.
El zumbido de la Pentium era considerable, pensé en mandarla al service, al instante despache dicha idea, no quería arriesgarme a que algún técnico avispado o mejor dicho, con pocas luces, me la restaurara sin hacer antes una copia de mis documentos que estaban esparcidos en millones de carpetas. Mis obras se encontraban fragmentadas a lo largo y ancho del disco duro. A todo esto, mi perro le gruñía cuando el ventilador trabajaba de mas, como en una competición de coches en que los pilotos machacasen los motores para enardecer al publico. Cada tanto sacaba un libro de las estanterías, repasaba los versos o lineas subrayadas con lápiz, esas genialidades de otros, en búsqueda de inspiración. Desistí de esta practica, no me aportaba nada y me quitaba tiempo delante de mi mismo y mi obra, absorbía mi pensamiento por el de otros. Deje de leer. Completamente. Prensa, literatura, teatro, todo, lo deje todo en aras de acabar sin contaminación externa.
Horacio, cada vez voy mas hacia atrás, para responderte una pregunta de mas adelante. Créeme, la estructura a veces no tiene una lógica temporal o el tiempo no es como lo vemos, cierto que tiene una sola dirección pero eso no quiere decir que no puedas torcer los sentidos o agarrar los otros carriles, sobre todo cuando el cabrón de adelante va a la mitad de lo que te permite la vía. Coger atajos o intentar llegar antes no es trampa, es sensato, sobre todo si tienes a alguien o algo que te quiere o te puede matar detrás.
El doctor me dijo que dejase las tres cosas, pero no puedo dejar ninguna, no si lo que quiero es acabar. Acelero la muerte para acelerar mi obra para poner un freno a toda esta rabia. Dora entra en la habitación y me recuerda que me tome las pastillas, pasa un rato el plumero, y me dice que descanse. Miro el espejo y tiene razón, parezco abatido. Me voy a dormir la siesta, espero poder conciliar el sueño. Ultimamente el dolor es insoportable, con pastillas y todo, pero tengo que acabar y si quiero hacerlo, habrá que estar cuerdo.